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 Robert Wyatt - La Gravedad No Existe - Ruta 66 - N° 69 - Enero 1991


ROBERT WYATT - LA GRAVEDAD NO EXISTE



Por RAFA CERVERA

Atención, estimado lector rutero! Lo que viene a continuación no es fácil de digerir. Pasearse a través de la obra y las palabras de Robert Wyatt apenas tiene que ver con el contenido habitual y especializado de esta tu revista. Robert Wyatt es un hombre que apenas se relaciona con el rock, que vive totalmente ajeno al discurrir de la música pop y que dice sentirse mucho más identificado con el jazz o el folklore del Tercer Mundo que con lo último de lo último en materia independiente. Es más, Robert Wyatt posee una extensa discografía en la cual, lo último que podrás encontrar, son vestigios de rock & roll, al menos, tal y como lo solemos degustar. Y ahora es cuando tú te preguntas con toda la razón: ¿qué hace este individuo entre mis melenudos favoritos?

Que Wyatt fuera batería de los sofocantes Soft Machine es hoy un hecho que tiene más que ver con la casualidad histórica que con los deseos del interesado. Si hay algo que haga de él un elemento incomparable dentro de la música pop-un marco en el cual él se niega a enclavarse- es que piensa, trabaja, crea y vive de espaldas a ella. Por poner un ejemplo, Robert Wyatt es un socialista irredento, alguien dispuesto a versionear «La internacional» con tanta alegría como los Fuzztones lo hacen con una pieza de los Sonics. Y es que su sonido ha funcionado en diferentes escalas a lo largo de los casi 20 años que lleva trabajando en solitario. Formado sobre unas bases estrictamente jazzísticas, Wyatt se crió en la ciudad inglesa de Canterbury, lugar de nacimiento también para el grupo Soft Machine, amalgama de psicodelia, sinfonismo y abstracciones jazzies que situaron al batería en el mismísimo ojo del huracán del rock psicodélico.




En 1991, aquellas aventuras parecen como una broma del tiempo. Así lo asegura al menos el viejo Wyatt, feliz y relajado por la aparición de su nuevo elepé, «Dondestan». Es su primera señal de vida mu­sical en casi 6 años, colaboraciones aparte. Su discográfica en España ha logrado arreglar una entre­vista telefónica con el músico, un personaje afable y terriblemente entrañable que está encantado con el interés que ha despertado su resurrección discográfica.


CONTRACORRIENTE

Dice la leyenda que Wyatt abandonó Soft Machine -el grupo en el que también se inició Kevin Ayers- debido a su «creciente seriedad». Fue en 1971, cuando la banda había lamido las mieles del éxito, encaramada entre lo más destacado del underground británico, teloneando a Jimi Hendrix y Pink Floyd. Para contrarrestar los efectos de la experiencia, fundó Matching Mole (que quiere decir lo mismo que Soft Machine, pero en francés), iniciándose como letrista y cantante. Dos años después, sobrevino la tragedia: Wyatt se rompe la espina dorsal a consecuencia de una caída. El whisky y tres pisos de distancia entre los efluvios del alcohol y la dura realidad del suelo estuvieron a punto de segar de cuajo su carrera. Los médicos aseguraron que jamás podría volver a andar, y muy posiblemente, tampoco volvería a tocar. Desde entonces vive unido a su silla de ruedas, aunque nunca ha dejado de ejercer como músico.

«
Si miro hacia atrás con nostalgia», dice el entrevistado, «en lo último que suelo pensar es en los años 60. Tiendo a recordar más el antes y el después. La época anterior, los 50, fueron estupendos. Era lo suficientemente joven como para no tener que trabajar y eso siempre está muy bien. En la escuela era un desastre y las chicas, a pesar de mi interés, tampoco se me daban demasiado bien. Pero escuchaba mucho jazz, montones de disco. Los 50 fueron estupendos. Y los 60 un caos, en mi caso, sólo pude desarrollar un claro sentido musical de lo que hacía en los 70, cuando empecé a hacer discos como «Rock Bottom» o «Ruth Is Stranger Than Richard». Pero los 60 fueron como si yo no hubiese estado allí realmente. Cuando pienso en aquellos días es como ver a alguien en una vieja foto: apenas puedo reconocerme».

Lo que de verdad ayudó a Robert Wyatt a concentrar su talento fue el periodo de convalecencia que, tras el accidente, le tuvo retenido en un hospital durante 6 me-ses. El producto de aquella etapa se tornó en vinilo y, bajo el apelativo de «Rock Bottom» -producido por Nick Mason en 1974-, redescubrió a su autor. Junto al ya mentado «Ruth Is Stranger Than Richard» (1975), conforma la cúspide creativa del artista a lo largo de la| borrosa década de los 70. Wyatt también llegó a saborear el éxito comercial con una personal versión de «I'm a believer». Ateniéndonos de nuevo a la mitología rock, hay quien asegura que cuando el programa Top of the Pops convocó a Wyatt para que hiciese el playback de rigor con el tema, éste se presentó con toda una banda... en sillas de ruedas, Mike Oldfield incluido.

- ¿Crees que el rock era mucho más interesante sante y espontáneo en tiempos pasados?
- Siempre me ha interesado la música que no está demasiado acabada ni demasiado pulida y ante todo, me gusta la música tocada por gente que de verdad siente lo que hace. En cuanto al rock actual, no estoy seguro de que merezca la atención que recibe. Supongo que todo se debe al gran apoyo económico con el que cuenta. Pero entonces, ¿qué tenía de bueno el rock & roll? Muy sencillo, que todo el mundo podía tocarlo. Era algo amateur y sentido. Ahora es justo lo que no debe ser, música de una aristocracia millonaria, con enormes enormes presupuestos. Ya no es lo que solía ser.

- ¿Hacia dónde piensas que evolucionará la música pop en los próximos años?
- ¿El pop? Oh, la música pop no me interesa, que evolucione hacia donde quiera, no me siento parte de ella. Gran parte de la música que escucho y que más disfruto es música nada comercial y casi nunca angloamericana. Me gustan casos como el de esa banda de rock gitana, Ketama, que han obtenido un cierto éxito fuera de sus fronteras. Es bueno que se rompa el monopolio del lenguaje inglés. También me gusta ver que cada vez hay más mujeres trabajando como músicos. Pero básicamente el pop es la música de esta era industrial. Personalmente, hay tanta música y tan diferente que no me importa si es o no pop.


MÚSICA COMBATIVA PARA TIEMPOS DE DESIDIA


Su entrada en la década de los ochenta fue algo más que acertada. Con un pasado como el suyo, plagado de nombres inherentes al jazz-rock y la experimentación, noviazgos con Fred Frith y Robert Fripp, Robert Wyatt no era el prototipo a adorar en plena temporada new wave. Su fichaje para Rough Trade demostró lo contrario. Unos cuantos sencillos sirvieron para asentar con todo respeto su nombre entre las oleadas de nuevos talentos británicos: «Arauco», «Grass» -un tema de Ivor Cutler-, una versión de Chic. Y la estreme cedora «Shipbuilding», agrio fresco de la Inglaterrabajo el domino de la Thatcher que firmara Elvis Costello Elepés como «Nothing Can Stop Us» (1982) y «Old Rottenhat» (1985) desvelaron bajo la quebradiza sensibilidad del músico se escondía un agrio observador político. Desgraciadamente, Robert Wyatt no es un tipo marcado por la premura en lo que a grabaciones se refiere. Salvo algún otro sencillo y colaboraciones de lo más variopintas (Ryuichi Sakamoto, Chris & Cosey, Kip Hanrahan), su nombre ha estado ausente de la actualidad musical durante años.

¿Por qué has tardado tanto tiempo en volver a grabar un disco?
Bueno, nunca sé exactamente qué hacer con mi vida, y todavía sigo sin saberlo; es algo que me ocurre desde que dejé la escuela: no sé qué hago en este mundo. Hasta me sorprendo cuando veo los discos que he hecho. Siempre que hago algo es porque alguien me lo ha sugerido; en este caso fue mi esposa, Alfie (Alfreda Benge, poetisa). Un buen día dijo, «mira, Robert, ya es hora de que hagas un disco». Así que me dije, «vale, de acuerdo».




- ¿Tiene eso algo que ver con que varios de los textos de «Dondestan» sean de Alfie?
- Sí, la puse a trabajar a ella también. Fue como un castigo por haberme obligado a componer de nuevo, soy muy perezoso. Tenía muchas ideas en la cabeza pero me faltaba una motivación, una clave para sacar afuera todas esas emociones. Algunos de los poemas que dieron lugar a las canciones del elepé fueron escritos en España. Hacía tiempo que buscábamos un paisaje que nos inspirase, un cambio respecto a nuestra vida cotidiana. Esa es otra de las razones por la que no había grabado nada últimamente.

- En relación a obras anteriores, «Dondestan» es un disco menos orientado políticamente. Es más descriptivo, muy emocional. Sin embargo, el título parece tener claras connotaciones de denuncia.
- Si, es un punto interesante. Incluso los poemas de Alfie contienen esa especie de desorientación… En España vivimos en un sitio llamado Castelldefels, al sur de Barcelona. Era temporada de invierno, cuando todo es más barato, y yo tenía un trabajo para la TV catalana. En esa época, la genten que está ahí en verano ha desaparecido. Hay una atmosfera extraña que te desorienta. «Dondestan» podría significar eso: ¿dónde esta todo el mundo?, aquí no hay nadie… excepto una pareja de monjas y algunos perros. A partir de ahí surgieron canciones más políticas y abstractas, aunque al terminar el disco descubrí que, inconscientemente había seguido hablando de esa sensación de pérdida, de desesperación, de sentirse a la deriva como un barco sin ancla. Supongo que ambas cosas van unidas.


NO ES POP


Aunque Robert Wyatt está cercano a los plantemientos de la música pop, todo se reduce a más casualidades. Amigos y colaboradores (Working Week, Jerry Damners, Ben Watt) y una comedida militancia en el género. Salvo excepciones, el Wyatt de la pasada década suele ser un tipo adepto a las construcciones extravagantes y los tempos medios. Solo que tiende a cantar y tocar cosas de Pablo Milanés, Thelonius Monk y Víctor Jara, a mezclar su educación jazzie con todo tipo de recursos roqueros hasta edificar un estilo incomparable. Escuchar su versión de «Strangers in the night» (en el álbum «Miniatures») es la mejor manera de introducir a un neófito en el mundo de Robert Wyatt: un mago del bricolage musical, un prestidigitador naif que sabe perfectamente como subvertir con sutilidad las estructuras convencionales.

- ¿Te consideras un músico de rock?
- Es difícil contestar a eso. Lo que más hago es escuchar música, me encanta oírla todo el día, soy un adicto a diferentes estilos. Se puede decir que ante todo soy un oyente ya que la música es un buen método para conocer otra gente, algo especialmente importante en mi caso, ya que estoy en una silla de ruedas y no salgo demasiado. Tener discos es una forma de tener todo tipo de visitas en casa. Siempre prefiero escucha música a hacerla. Si hiciese lo contrario acabaría encerrado en mi propio mundo, y quiero conocer otros. Pero contestando a tu pregunta Alfie dice que probablemente sea un cantante de jazz.

- ¿Qué tipo de música escuchas con más asiduidad?
- Mi amor original fue el jazz, pero a partir de ahí he desarrollado mi interés en varias direcciones. Gracias a gente como John Coltrane o Miles Davis terminé interesándome por algunos tipos de música española, y cuando digo española supongo que me refiero a la andaluza. Las características del flamenco son particularmente interesantes porque a veces se utilizan escalas e ideas que asocio con sonidos árabes e indios.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA


Hay una generación de músicos británicos que está fuertemente influenciada por Robert Wyatt. Se trata de aquellos que han apoyado activamente la, lucha contra la supremacía del partido conservador, gente que no sólo comparte el estilo sino también la crítica política que el ex batería ha derramado en obras como «Nothing Can Stop Us» u «Old Rottenhat». Identificar a Wyatt con la vieja izquierda es ya un tópico, y por lo tanto, un detalle que ha contribuido a crear una imagen un tanto exagerada del artista. Si bien es cierto que sus textos bordean en algunas ocasiones el sermón político, su postura no es tan previsible como cabría esperar.

- ¿Cómo ves los acontecimientos sociopolíticos que han ido sucediéndose en Europa en los últimos meses?
- Hay algunos detalles verdaderamente aterradores. He sabido que, por ejemplo, en la antigua Alemania del Este, para ejercer como médico debes probar que tienes una ascendencia alemana pura, al menos en una generación. Es terrible, lo más parecido que puede haber a un resurgir nazi. Muchos médicos y profesores alemanes están trabajando como porteros porque no son alemanes puros, lo cual es algo muy preocupante. Si continúan habiendo erupciones como ésta me temo el futuro que nos espera. No me sorprendería si el próximo siglo apareciesen unos cuantos gobiernos fascistas en Europa, tanto en el este como en el oeste.

- ¿Crees que los movimientos ecológicos son una nueva forma de movimiento político progresista?
- Bien, un buen marxista debería estar pensando siempre en estas cosas. Engels y Marx lo hacían; una de sus principales críticas al capitalismo es que éste ejercía el poder sin responsabilidad. Por ejemplo, esa gente que llega a un país tropical para abastecerse de caucho, sin importarles si se devasta todo un bosque; una vez terminan, se trasladan a otro para hacer lo mismo. El único problema con los partidos verdes es que evitan las cuestiones de poder político. No puedes preocuparte sólo de ser bueno con los animales, no es suficiente.

- ¿Qué opinión te merecen las estrellas del pop que se empeñan en comprometerse en temas políticos y sociales a los que aseguran defender desinteresadamente?
- Oh, creo que no se les puede medir a todos por el mismo rasero. Lo preocupante es que se intente hacer caridad con ese tipo de asuntos porque lo que se termina generando es más colonialismo cultural: gente de países ricos ayudando a los de los países más pobres. Si realmente quieren ayudar que colaboren para que ciertas naciones dejen de explotar a otras. En cuanto a los músicos, siempre hay que observar de quién se trata.

- Entonces, ¿crees que existen casos de ese tipo intachables y honestos?
- Hay gente que piensa, «me reportará un gran prestigio el colaborar en la próxima gira de Amnistía Internacional». Pero también me consta que hay gente responsable al respecto; Sting utiliza su influjo en los media de un modo muy responsable, no dudo de su sinceridad. Claro que también podríamos considerar las cosas de otra manera. Por ejemplo, escuchas una canción en la que un tipo dice, «te amaré el resto de mi vida» y sabes perfectamente que el que canta eso ha amado a media docena de mujeres en la última semana. Así pues, ¿qué está diciendo? Supongo que es muy difícil escapar a las presiones del marketing.

- Ryuichi Sakamoto dijo en una ocasión que tienes una de las voces más tristes del pop, ¿estás de acuerdo?
- No lo sé, no imprimo deliberadamente una u otra emoción a lo que canto. Cuando canto tan sólo trato de ordenar la música correctamente, como si todo fuese instrumental. De hecho, mucha de la gente que me influencia y admiro son instrumentistas, trompetistas y cosas así. Quizá es que no estoy creando emociones deliberadamente: es como una foto, cuando ves a alguien que no expresa absolutamente ninguna emoción; da sensación de tristeza.

- ¿Te interesan los grupos de la escena in-dependiente británica?
- La verdad es que no me entero demasiado. No estoy muy conectado con los media en general, llevamos una vida como muy apartada del resto del mundo. Conozco muy pocas cosas y no suelen ser precisamente las últimas novedades. Los músicos ingleses que más admiro no son nuevos: Paul Weller, Ian Dury.

- ¿Y Billy Bragg?
- Sí, es un gran tipo. Ha hecho algo similar con el rock a lo que Winton Marsalis hizo con el jazz. Pero mi modelo de compositor sigue alguien como Paul Weller.

No está muy claro cuánto tiempo habrá de pasar hasta que Robert Wyatt haga su siguiente disco («nunca sé qué ocurrirá después»). Pero sí tiene claro que es «fan de esa banda gallega, Os Resentidos; son mucho mejores que muchos de los nuevos grupos de por aquí». Dice que hace 20 años que no ve a Kevin Ayers y hasta se extraña de que haya grabado un disco no hace mucho. Robert Wyatt, genio y figura, vive en una órbita privada de la que sólo nos llegan noticias de vez en cuando. Inencasillable, tan cercano del mundo real y a la vez tan distante.



DISCOGRAFIA DE UN ROBINSON INGLES


Con SOFT MACHINE
«Love makes sweet music/Reelin' Feelin' Squealin'» (EP, 1967)
«VOLUME TWO»(LP,1969)
«THIRD» (2 LPs, 1970)
«FOURTH»(LPJ971)
«TRIPLE ECHO» (3 LPs, 1977)
«LIVE AT THE PROMS 1970» (LP, 1988)
«THE SOFT MACHINE TURNS ON CD» (Peel Sessions; LP, 1990)

Con MATCHING MOLE
«O Caroline/Signed curtain» (Sn, 1972)
«MATCHING MOLE» (LP, 1972)
«MATCHING MOLE'S LITTLE RED RECORD» (LP, 1973)

En solitario
«THE END OF AN EAR»(LP, 1974)
«I'm a believer/Memories» (Sn, 1974)
«ROCK BOTTOM»(LP, 1974)
«RUTH IS STANGER THAN RICHARD» (LP, 1975)
«Yesterday man/ Sonia» (Sn, 1977)
«Arauco/Guantanamera» (Sn, 1980)
«At last I'm free/Strange fruit» (Sn, 1980)
«Grass» (single compartido, 1981)
«From man to woman» (Sn, 1982)
«NOTHING CAN STOP US» (LP, 1982)
«Stalin wasn't stallin'/Stalingrad» (Sn, 1982)
«Shipbuilding/Memories of you/Round midnight»(Mx, 1982)
«THE ANIMALS FILM» (Banda sonora; LP, 1982)
«Work in progress EP» (Mx, 1984)
«OLD ROTTENHAT» (LP, 1985)
«The last nightingale/On the beach at Cambridge»(Mx, 1985)
«The age of self» (Single compartido, 1985)
«The wind of change/Namibia» (con los Swapo Singers; Sn, 1985)
«Peel sessions» (Mx, 1987)
«DONDESTAN»(LP,1991)

Temas en recopilaciones
«MINIATURES» (LP, 1980; tema «Strangers in the night)
«RECOMMENDED RECORDS SAMPLER»
(2 LPs, 1982; tema «La internationale»)
«THE LIBERATOR» (LP, 1989; tema «Pigs»)


       
     
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